Con los años engordamos aunque hagamos la misma dieta y la misma vida. Perdemos masa muscular, las digestiones queman menos calorías además de que nos volvemos más comodones y apreciamos, cada día más, la terraza y la cervecita. Todo junto hace que, poco a poco, nos vayamos echando, primero unos gramos, luego unos kilos y, si cómo yo, te miras al espejo y te dices siempre lo fantástica que estás, resulta que te plantas con 10 kilos más y no sabes ni cómo.
Ahora cada día me sigo repitiendo lo fantástica que estoy pero ya no me lo creo....ni de coña. Me han salido unos flotadores naturales que, la verdad, no me hacen pizca de gracia. Núnca he hecho dieta porque, por suerte, núnca me ha hecho falta, pero a lo mejor por eso mismo me cuesta tanto privarme de nada y, lo que está muy claro es que si no empiezo a privarme acabaré con nosécuántos kilos de más.
A ver, que no soy una petarda que está todo el día mirándose al espejo, ni mucho menos. Soy presumida pero no renuncio a los placeres de la vida (ni renunciaré núnca) pero, soy consciente de que tengo que cuidarme un poco sobretodo porque me sentiré muchísimo mejor cuándo me valga la ropa del verano pasado y, porque, llegados a este punto de la vida creo que hay que empezar a hacer algunos reajustes.
Ya os contaré.
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